Blog personal de Gilberto Nava, "Gablot". Aquí puedes encontrar textos literarios, ensayos, críticas y básicamente cualquier cosa que habita en esa cabeza y se escapa entre los dedos.
30/6/18
El amarillo
Puedes preguntarle a cualquier chico de la cuadra, nadie se mete con el Amarillo. Ese tipo está zafado, completamente ajeno a ti o a mí; no dice absolutamente nada, no titubea, sólo se mueve rápido como un rayo y ¡pum! te tumba, directito al suelo o al hospital o a la morgue, depende de qué tan bravo esté ese día o de qué le hayas hecho. Acá ya se ha echado, al menos, a cuatro; todos indigentes, drogadictos que quisieron bajarle unas monedas.
¿El Amarillo? Sí, lo conozco, ¡quién no! El hijo de la chingada es un cabrón en serio. Eso sí, respeta a los vecinos, ¡faltaba más! Nunca se ha metido con nadie de acá, no es que el muchacho busque problemas, pero sabe defenderse (como todos, pues).
Una vez, el Amarillo bajó a un asaltante de un camión. Dice que se levantó de su asiento, lo topó de frente, le quitó la pistola y lo bajó de la micro a punta de cachazos. Ahora, siempre carga la fusca a todos lados por si las dudas. La vecindad lo ve como una especie de héroe, pero a mí me da miedo. La otra vez cachó a su hermanita escondida con un compañero de la escuela, atrás de las bombas, seguro se estaban dando sus arrumacos. El tipo, todo tranquilo agarró al chavito del pescuezo y lo sacó de allí. El morro intentó decir algo para defenderse, aclarar que sí quería a la Rosita, pero el Amarillo lo calló al momento. Sacó la pistola, cortó cartucho y apuntó al chamaco. El pobre Santiago hasta se orinó de miedo, desde entonces le decimos el Chistorra.
No me gustaría vivir en el mismo edificio que ese chaval, ni siquiera en la misma vecindad, ¿sabes? Es un escuincle, pero es de cuidado. Lo puedes ver en los ojos. Tiene ojos malos, con una furia escondida detrás de esa indiferencia. Son túneles cuya única luz al final es la de una explosión y ¡aguas! porque ese fuego sí te alcanza. Yo no sé a qué se dedica, pero siempre trae cosas bonitas, ¿entiendes? Se ve que va de aquí para allá, peinado, bañado y arregladito, pero no lo ves de traje, no lo ves salir temprano, ni regresar tarde. Siempre se ve con la misma pinche cara de maldito. ¿Usted qué hace buscando a ese señor? Mejor no se meta en problemas, ¿sí?
¡Ni me menciones a ese hijo de puta! El pendejo se piensa que puede venir a chingar la madre cada que quiere, pero está muy equivocado. Un día de estos lo van a bajar, igualito que él hace con los nuestros. Se la está buscando y la va a encontrar.
El Amarillo. Lo odio.
1/9/13
Paseo nocturno citadino
Agua, algo que es aceptable
Neon Genesis Evangelion
So I run to the river
It was bleedin' I run to the sea
…
It was bleedin' all on that day.
So I run to the river, it was boilin'
So I run to the sea, it was boilin'
Sinner Man.
Ninguna violencia es gratuita. La lágrima y la risa se encuentran estrechamente ligadas, pues el orgasmo y la muerte pertenecen a lo mismo: la trilladísima imagen de las dos caras en una moneda. Orgasmo y muerte, doble filo, otra llama doble del placer.
En francés, el eufemismo para ese momento cenit del coito (no importa el número de personas –reales y/o imaginarias– participantes): "pequeña muerte". El dolor y el goce en todo encuentro sensual no consiste sólo en el sadismo, el masoquismo o el sadomasoquismo, sino en una inevitabilidad.
II
Ninguna violencia es gratuita; ahora lo sabes, puedes pensarlo mientras caminas por las noches a través de los barrios desconocidos donde eres un fantasma más, donde nadie nota tu aura que apenas va marchitándose poco a poco a poco a poco, como una gotera de esa llave mal cerrada que interrumpe el sueño o alimenta el insomnio según las tazas de café, el nivel de cansancio, la programación de la pantalla chica y la comodidad (siempre variable) del lecho.
Poco a poco el sonido de las zuelas retumba. Poco a poco tus pasos chocan con eco repetido. Poco a poco sientes la humedad del ambiente que anuncia "pronto lloverá".
Los faroles solitarios crean la ilusión de que hay otras personas que caminan, como tú, a esas horas de la noche, por las mismas calles, con la misma pausa y precaución de prudencia suficiente para disfrutar el paseo y para no tener pinta de presa-fácil.
III
Has leído los periódicos –siempre los amarillistas– por lo que tienes una idea franca de lo que acontece a tu alrededor no tan inmediato. No importa. Nunca importa.
Incluso los periódicos y las noticias televisivas poseen los ecos devastadores de ríos de sangre, los mismos que cada noche inundan la ciudad, como si una femoral hubiera sido rasgada: las calles son arroyos que se tornan ríos, mares rojos (según las balas perdidas, los objetivos del día, los imprudenciales y los "daños colaterales").
No lo advertiste. Lo dijeron, pero no lo advertiste. Ya algún loco había dicho que el Antiguo Testamento se estaba escenificando en las ciudades, en los campos; dijo que Dios consideraba como otra Sodoma o Gomorra tu territorio nacional. No estaba tan lejos de la verdad; pero, no, no era Dios el enfurecido. Las olas carmesí no lavaban culpas; nunca la sangre lava nada.
Era castigo (sí) divino (no), ejemplar (sí), brutal, para callar, por afán del trono (sí, sí, sí).
Gritaron "¡Cuidado!", "¡Basta!", "¡Ya no!", muy tarde. Siempre muy tarde. Perpetuamente tarde.
IV
La mayoría de la comunicación entre dos personas es no-verbal; las palabras dicen cosas, pero no se utilizan para enunciarlo todo. Sin embargo, existen mensajes que deben entregarse de cualquier forma, con cualquier tinta, sobre cualquier papel, de la forma estéticamente más advertible y llamativa: el cadáver (torturado antes y después de la muerte) con heridas en el pecho que forman letras unidas en palabras de amenaza-advertencia.
V
Muchos reaccionarían de otra forma, pero no tú. Tú eres quien puede aguantar. Estóicamente imbécil. Sigues el precepto de la normalidad cotidiana: una persona común evita los conflictos. Total, estás al borde del hastío por la violencia; quizá allí está el problema: estar siempre al borde.
Toda la urbe está poblada por gente normal, como tú; gente que evita las peleas pues opta por la paz ante los espesos tsunamis escarlatas.
Lo pillas. Entiendes que no debe ser así. ¡Por fin!
Pero la normalidad te atrapa. Recuerdas también que es la quinta vez en la semana en que te da esa epifanía del cambio brusco y necesario.
Por ese segundo de lucidez abres tus sentidos a los otros. Todos, como tú, caminando en la noche, solos, con la vista clavada al vacío en algún punto al frente. Sus pasos, idénticos, lentos, torpes, pesados. Las arrugas en la cara demuestran el malcomer, el maldormir, el malvivir, el malser.
VI
El eco de antes suena ensordecido. Miras al suelo. Hay charcos rojos por doquier. Entiendes. No eres la única persona culpable y víctima de lo que ocurre. Los pasos se dificultan, el nivel del líquido carmesí crece.
Al mismo tiempo, aquella lluvia arrecia su caída verdemente. Te baña, los baña a todos. Los adormece como un cigarrillo merecido, como un té de tila tras el susto del atraco.
VIII
La ciudad deviene en Venecia Sanguinolenta tras el toque de queda. Los edificios, enormes fuentes de algo rojo, espeso y aún tibio. Todo transeúnte queda ahogado por la marea rojísima y la lluvia apática.
Sin embargo, no acaba. Su vida en inmortal asfixia continúa al día siguiente. Y lo sabes. Lo sabes perfectamente. Ves la calle inundarse más y más y más y... te zambulles con la resignación de pez en la red.
2/12/12
Imposición y Resistencia (1a Pte.).
Prefacio
I
26/8/12
Saber pelear
25/3/12
X ENELL
Décimo encuentro nacional de estudiantes de lengua y literatura. Será realizado en Tijuana, México. Tijuana. Ciudad fronteriza que colinda con el norte. Ciudad con mala reputación en estas fechas (Marzo de 2012). Hace un par de años se declaró la guerra contra el narcotráfico en este país; una guerra que ya ha dejado más de 50,000 muertos (y esta cifra sólo es simbólica, es como decir los 300 conejos o los 700 samurais: en realidad quiere decir “un chingo, un putemadral, cantidad incontabilizada e incontable). Gran parte de esos cadáveres que a nadie interesan eran jóvenes, estudiantes o trabajadores; algunos culpables (no lo dudo), otros inocentes que corrieron con la mala fortuna de estar en el momento y lugar menos adecuados.
Un congreso de estudiantes parece más un letrero de “comida gratis para lobos aquí”. Lo sé. Cada congreso en cada lugar de la república tiene ese matiz de espectacular trampa, de meterse uno mismo estúpidamente en la jaula para ser devorado.
Pero, los puntos extra: Tijuana, ciudad fronteriza, ciudad al norte, ciudad conocida por los índices de violencia; perteneciente a la región donde uno ubica los pleitos más graves entre los carteles de la droga y el régimen que despilfarra su violencia mal administrada. Dicen que hay seguridad buena para el congreso (ajá, ¿y los hoteles, hostales y demás?): nunca faltan las crónicas de aquellos que duermen bajo la cama y con el colchón cubriéndoles por si alguna bala perdida encuentra rumbo por la ventana, nunca faltan las denuncias por violaciones, por secuestro, por trata de blancas, por esclavización, por... por la hydra ansiosa de plata, de violencia y de sexo.
Conozco a una poeta que va a la frontera a alfabetizar: ella sabe mejor que yo de lo que hablo. Pero también, ella es una estúpida: ¡arriesgarse así!
Una conejita linda quiere ir para allá. Seguramente todos le dirán que será una gran experiencia. Of course, if she's back alive. Yo soy un cobarde. Sí. Lo soy. No iría a TJ sin mi arma (soy un buen latinoamericano y necesito mi arma para afrontar los peligros): lástima que en el avión y en el bus a uno le impidan subir su arsenal (porque eso sí, somos legales, no tenemos otro medio que jodernos a la desprotección, la interperie del Dios Azar y que no nos toque chingarnos).
Yo fui a Mérida hace tiempo, igualmente un congreso. Poco después me enteré que la propaganda turística era para no perder ese mercado internacional, aunque la cosa estaba bien pinche fea. Aún sin saberlo, no caminaba por las calles confiado, no me sentía a salvo, me sentía peor aún: exhibido como un fuereño (con mi ropa, mi acento o su ausencia según me han dicho varias veces); la presa fácil, la perpetua presa fácil.
Un sujeto, durante un recorrido hacia Progreso, se nos pegó en el camino. Nunca entendimos muy bien de qué hablaba; al parecer sólo buscaba la terminal. Lo encaminamos por no-sé-qué-motivo. Yo me quedé charlando con él durante el recorrido. Frases ininteligibles. Seguramente no hablaba español o su dicción era pésima. Soltó una frase; mi “buena fe” me hace dudar de lo dicho, pero lo que captó mi cebero tensó todo mi cuerpo. “Soy Zeta”.
Quizá quiso decir otra cosa. Espero que hubiera querido decir otra cosa. Que esa frase fuera sólo parte de mi imaginación, de mi maldita paranoia. Tensé mis manos, mi primer instinto era golpearlo hasta la muerte, hacerlo desertar a fuerza de chingadasos, hacerlo añicos y hacerle un bien a la sociedad: otro idiota menos. Estoy consciente que la gente de escasísimos/nulos recursos se ve en la necesidad de adquirir para la comida de cualquier forma, que por eso el crimen organizado tiene tanta fuerza: un país sin oportunidades orilla su población a la ilegalidad. Sin embargo, el lavado cerebral funciona. Sin embargo, uno no piensa eso. La otredad es secundaria cuando uno siente en peligro su vida, sus intereses, a los suyos.
Me contuve: tampoco tenía la certeza de ganarle en una pelea ni de que realmente hubiesen sido esas dos palabras las que su boca profirió. Llegamos a la terminal, nos deshicimos de él con ciertas dificultades (una especie de insistencia para aferrarse a nosotros) y rechazamos un dinero que sólo él sabe cómo quedó empanizado de arena.
Cierta conejita tierna quiere ir para Tijuana. No puedo detenerla. Si quiere dar ese salto, lo dará. Pero lloro de angustia. Por primera vez en mucho tiempo siento pánico. Miedo aberrante, sí, a no volver a verla, a descubrir pocos días después que ha desaparecido, a que no conteste su celular durante un día y pensar ya lo peor. Tiene sus tours turísticos acomodados con cada amigo en el interior de la república. ¡Genial! ¡Yo quisiera ser tan sociable! Pero si saldré a un viaje con la certeza de que existe un 70% de probabilidad es de morir... ¡Perfecto! Soy suicida, pero eso mismo “suicida”, carajo: no pienso morir a manos de otro imbécil; además, no me certifican que realmente moriré y no terminaré en otra vida peor.
Pues eso mismo le digo: hay cosas peores que regresar sin un brazo, sin una pierna o en el ataud. Hay cosas por mucho peores que esa (más, cuando se trata de violentos apoderados de ideología ultramachista).
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Imagen tomada de http://codinghorror.typepad.com/.a/6a0120a85dcdae970b0120a86dd099970b-pi