5/5/16

Mulligan

Ya he perdido la costumbre de escribir directo en el editor de texto; las últimas veces redacté todo en un Word, le busqué una fuente decente, un interlineado que consideré amigable a la vista y lo pegué con un descarado (Ctrl+C)+(Ctrl+V). Ahora, tras dos meses de sequía (en muchos sentidos) regreso al Infernáculo para verlo convertirse en mi pequeño Infierno, Inferullo (al carajo si la morfología latina es correcta, así me gusta cómo suena).

El propósito consistía en publicar una entrada por mes: he fallado. Esto de la vida adulta es capaz de corromper todo, hasta la rutina autoimpuesta para mantener el ejercicio de la pluma (o el teclado). Jamás había tenido tanta carga de trabajo, jamás había fallado tantas veces (equivocaciones idiotas, siempre por el protocolo técnico que me rehuso a seguir), jamás no hubo consecuencias graves (sigo en el mismo puesto, en el mismo escritorio, con la camiseta del equipo; el mundo no implosionó; nada valioso se perdió en mi silencio involuntario). He dejado de leer tanto, cortesía del adiós al transporte público (recuerdo que ese fue uno de los motivos por los que tomé una decisión gigantesca hace años). El contexto para desenvolverse en este muladar que llaman el ombligo del mundo no mejora (los humanistas no tienen cabida en un país tan inhumano). Esa frase que me caga de Fuentes cobra tanto sentido ("Aquí nos tocó nacer").

Me resisto. Me resisto por obligación y por decencia. Me resisto como la única plegaria que conozco: "No". Repito el monosílabo antes de dormir como un Padre Nuestro, lo repito en mi cabeza como un Ave María desde que entro al elevador y presiono el botón para llegar a mi escritorio. Lo murmuro cuando me levanto y entro a la ducha. Insisto en la negativa con todas sus formas y posibles variaciones: No en escala Kelvin. Ahora, intento devolver la mano de mierda que me aventó a la cara mi librería. No es la primera vez y ya estoy acostumbrado a que me falte una tierra o que el rayo necesario no salga nunca.

Alguna vez, la loquera me dijo que yo tenía complejo de Superman; años atrás intentaba salvar a la humanidad a cualquier precio. Un año después, cambié de símbolo: colgué la capa roja y el estúpido traje azul por otro más oscuro. Ya no quise ser el salvador de la tierra sino la mano ejecutora del karma. Quise ser la Noche y ese Comediante, parodia de la humadidad misma; quise ser ese adicto a los enigmas que revelaba verdades (demasiado obvias en retrospectiva) a los ingenuos: quise ser el hombre que declaraba la muerte de Dios y reventaba la linterna al final. Por desgracia, siempre me he quedado corto.

Alguna vez, quise ser Superman; ahora entiendo que, de haberlo logrado, esto sería Tierra Uno.


6/1/16

Casilla 4



El resumen del año siempre es un trámite obligado pero útil. Cuatro años y parece que uno no crece, se hace más viejo pero no crece. Está bien así, por ahora. Madurar es de frutas.

La producción ha decaído, cumplí la meta de un texto mensual, pero me la pasé reciclando viejas cosas debido a otras responsabilidades y otros proyectos. Supongo que no debo subir la cuota de cantidad sino de calidad, al menos así quise cerrar el año: creo que eso no lo logré.

Hubo logros, sí, pero no los suficientes (nunca los suficientes). Sigo trabajando en otros proyectos que aún no quiero quemar en este espacio, al menos hasta que estén terminados.

A seguir saltando.

31/12/15

Bitácora aérea II

Para Nashielli Manzanilla y Mikel Deltoya




Mi hogar es movimiento, nómada perpetuo en una época de civilizaciones trasnochadas. Soy parte de ese grupo que habita la velocidad y los viajes. Vuelo nuevamente hacia el sur, el único lugar que me parece seguro y sensato; lástima (y lastima) que no atraviese la frontera: me faltan kilómetros y un par de documentos para lograrlo.

Recuerdo por qué prefiero la carretera: en pleno vuelo es imposible ver nada salvo cielo: ese espejo de mar inamovible; supongo que en eso se parecen el capitán de barco y el de vuelo: tienen que navegar a ciegas (con un radar, pero deben sobreponerse al hecho de no ver nada entre travesías).

Último vistazo a una ciudad que apesta, llena de gente que odio sin conocer, que últimamente sólo me ha estorbado para trasladarme de A a B; casas que se alzan caóticamente y que se mantienen en pie a fuerza de resentimiento y resignación.

Me esperan horas de mar, me espera un lugar tranquilo, un stand by de esto que pasa (que dicen que es la vida): un quicksave para cerrar los ojos y dormir un rato: Bowser, Zelda, el Dr. Willy... Todos pueden esperar: siempre esperan.

Una hora no es suficiente para una película; en la pantalla transmiten comerciales. Ese es el precio de estar a la vanguardia en este país, en este planeta: fumarte los eslóganes y los spots de publicistas mediocres.

El avión acelera: se siente como estar en casa: el cuerpo pegado al asiento, los oídos tapados y el paisaje moviéndose como en cinta automática. El avión acelera para que el aire lo eleve hacia ese cielo nublado que el sol no puede acribillar. Posición diagonal para ascender. Si baja la velocidad, nos caemos.

El avión acelera. Leo en las alas "Do not walk outside this area". Hasta el payaso equilibrista del avión tiene restricciones. Últimamente la vida ha sido así: do not walk outside this area. Pero, lo siento, me gusta pasear por el lado salvaje del camino, hacia la carretera camino al infierno.

Creo que esta vez no me encontraré con poetas ni literatos: vacaciones light.

Un whisky para el camino y unos doritos para no olvidar la realidad. Un libro que me obliga a mover cuerdas que hace años no tocaba y que deberían permanecer inmóviles.

Avisan el descenso. Un vuelo con turbulencia que dura muy poco. Debo apurar mi trago.

Por cierto, Mikel, si estás leyendo esto un 23 de diciembre: Feliz cumpleaños.

7/12/15

De vuelta a Finisterra



Desde que me enteré que Mägo se presentaría con el material completo de Finisterra, no dude en adquirir los boletos. Tras saber que el concierto consistía en presentar el material regrabado del disco, la emoción aumentó; aún no había escuchado la reedición de las canciones, decidí esperar a escuchar el material en vivo antes de comprar el disco, pero Mägo es Mägo.

Indagué un poco en internet tras el concierto: el disco tuvo muchísimas colaboraciones; algunos amigos me dijeron que el disco no valía a pena, que había perdido punch. Recordé lo que escuché una vez sobre la versión de Alice in Wonderland de Tim Burton: yo la había odiado a muerte; una maestra soltó muy atinadamente en la clase (y quizá un poco fangirlmente por Tim y Depp): si vieron la película esperando encontrarse con la misma versión de Alicia, jamás verán bien qué pasa en la visión de Burton. Aunque adapté mi relectura a la peli, siguió sin gustarme.
Intenté hacer lo mismo con el álbum de Mägo. Debo admitirlo, en vivo me fascinó: más veloz, algunas canciones más pesadas, un poco menos folk y más tecnológico. El mismo día del concierto había tenido mi examen profesional, por lo que estaba viciado de posmodernidad, visiones apocalípticas y un pesimismo brutal.
Todo coincidió. El Prólogo cargado de característica misantropía (bien ganada) y el estallido de Satania, con unos tintes de Power Metal, cayeron como anillo al dedo. Ahora sí, ese desprecio por la forma en que la tecnología esclaviza y modifica al ser humano tenía un poco más de sentido. Recuerdo la primera versión de esa canción. Pesada y veloz: heavy; pero le faltaba algo, la melodía no encajaba del todo con el tono, no transportaba en realidad a ese mundo tecnológico del que habla. La nueva versión sí lo hace. El umbral que se atraviesa con esta versión sí parece cargada de elementos electrónicos descompuestos y rotos: atmósfera steampunk que se mantiene en todo el disco.

Más allá de la estética y de los motivos emotivos que tiene Txus para rehacer el disco, cabe decir que ese álbum (justo ese) queda perfecto en la actualidad. Finisterra se adelantó quince años al mundo: el fin de los noventa fue la época donde inició la revolución tecnológica, quince años después se recienten los efectos; quince años después Finisterra tiene otra lectura, evidentemente, más certera (quizá) y más dolorosa: la aldea global es Satania, donde nadie quiere entender la bondad de la diferencia (yihad, machismo, homofobia, racismo y el neo-nazismo de lo políticamente correcto –gracias South Park por dejar un poco más claro qué pasaba con eso– ).
Así como Bolaño lo relata en Amuleto, los habitantes de Satania resisten con fiestas y danzas alrededor del fuego: el canto es nuestro amuleto. Sin embargo, el final del disco es claro: es el fin del camino. Detrás de toda gran esperanza siempre hay un terror profundo al fracaso certero: La Cantata del Diablo apela a la venganza, Atlantia decreta el final de la civilización y Finisterra nos avisa que de aquí no pasaremos.
Detrás de la Super Polla en el concierto, de los brazos enlazados en un frenesí, de la masa empujándose amablemente de un lado a otro, aparecía la última frase de mi tesis: “la esperanza ha muerto”. Quizá por eso vi a más de una decena llorar durante “Es hora de marchar” en el concierto. Durante mi examen me preguntaron si en verdad se había perdido toda posibilidad de futuro: tres veces dije sí. Después intentaron persuadirme al proponer que lo que ocurría no era la muerte de la esperanza sino un cambio en la naturaleza de esta. Vi seis ojos serios, los sentí inquisitivos y suplicantes. En mi cabeza dije que no, que ya no había futuro, pero de mi boca emergió un tal vez. Intenté explicarles con una escena de los Avengers, la conversación entre Tony Stark y Loki: “Puede que no salvemos a la Tierra, pero les juro que la vengaremos”. No lo dije. No fue cobardía sino compasión: en mi texto dejé muy claro que ellos eran los responsables de que nuestra generación y las siguientes ya no tuvieran esperanza alguna; de modo que, si de alguien tendríamos que vengarnos, sería de las generaciones anteriores, de ellos.
Dije que la nueva esperanza podía consistir en sobrevivir a la trampa en que se ha convertido el mundo, pero que a veces no nos queda ni eso. No mencioné venganza alguna.
Todas las generaciones han sido parricidas: cada una se venga de la anterior de alguna forma, aunque la retome: construye un mausoleo para honrar y escupirle. No sé si nosotros haremos lo mismo. Seguramente sí.
Nos dejaron en Satania, el final de la tierra, el “no hay más allá”. Sólo nos queda dar media vuelta y…



30/10/15

Farewell by Kamelot (ft. El Conde)


Hello, darkness, my our old friend, I’ve We’ve come to talk with you again
The Sounds of Silence

If this everchanging world in which we’re living makes you give in and cry
Live and Let Die

In memoriam E.C.

Apenas ayer nos encontrábamos entre asustados y divertidos con la imagen de un cadáver desollado, ¿recuerdas?
Cada año, sin ponernos de acuerdo, lanzábamos las mismas piedras a los mismos blancos. Los dos, desde puntos muy distantes, nos observábamos de orilla a orilla. Lo admito. A veces te veía como un espejo mío, quizá la ropa y la música, quizá esa mirada de túnel que promete algo más allá al final. Me parecías el reflejo de lo que yo habría sido si hubiese tenido la oportunidad (si me hubieran crecido los cojones un poquito antes).
Ahora despierto con una llamada telefónica, la voz me dice que tú serás la siguiente imagen que rondará en los muros de esa ciudad; todos tratarán de buscarte a fuerza de memoria y fotografías, aunque saben bien dónde estás: tu tumba, afortunadamente, tiene nombre.
No sé por qué me afecta tanto si ni siquiera éramos tan cercanos. Pero había algo de complicidad, cierta camaradería en esos breves gestos que eran como golpecitos en la espalda.
Me pesa por ella, te quería un chingo. No sé cómo lo esté tomando ahorita, pero seguramente nada bien. Si la conozco lo suficiente, sé que ella no enunciaría palabras, diría que no lo vio venir y que sí, le pesa, pero hasta ahí (aunque por dentro ande mal, por un asidero a la tierra que se pierde).
Nunca sufrí la muerte de un amigo (es decir, cambio de amistades con frecuencia y, en todo caso, los que restan, siguen vivos). Pero a ella le ha tocado más difícil esta perra vida. Imagino que, en parte, a ti también (uno no escoge este camino de a gratis, ¿verdad?).
Algo me dice que tú también la querías bastante, a ella y a todos los que justo ahora padecen tu descanso.
Podría ponerme chairo y decir que hora afinarás tu guitarra con los Ramones, con Cobain, con Hendrix; que tocarás tus rolas con esos artistas malditos y muertos, reglorificados en el canon cultural; que ahora aprenderás de Mozart y que juntos se burlarán de la sordera de Beethoven. Pero no, ese no es mi estilo (ni el de ella).
Podría ponerme de humorista negro y decir que si tus amigos en verdad te aprecian, buscarían las esferas del dragón o se arriesgarían a la transmutación humana. Pero no, quizá para ellos es muy pronto todavía.
Sería genial que hubiera Wi-Fi del otro lado. Deberías venir de visita algún día.

Ahora que lo pienso, quizá te fuiste en el momento adecuado. Perfect timing, you know? Quizá te largaste justo antes de que empezara todo y te salvaste sin querer (sin deberla ni temerla) porque de algo estoy seguro: la de malas nos habría tocado. Apenas inicia el declive y el concierto fue una pifia (además, hacen encore los desgraciados). Es el festival infinito de las mierdas danzantes; la parodia de un proyecto caótico y extraño que nos auguraba la destrucción bendita de la civilización (Apocalipsis2.0 en formato .exe y .dmg).
Sí pero no. Te salvaste, pero abandonaste muy temprano la fiesta. Lo peor/mejor estaba por venir. El destino te cambió los carriles de forma imprudente (como microbusero) y te saliste del camino.
Quizá la eternidad te siente bien. Ese eterno vacío donde tu silueta asciende, ya te tocarán puras upgrades si no te mandan a la papelera de reciclaje o a esos archivos olvidados en carpetas “organizadas” e infinitas.
Tu cosmos arde. Te fundiste en uno con el universo. Ahora también sos parte de la fuerza.
Nos veremos en el infierno, che, apartame un lugar.