17/8/13

Instrucciones para respirar



Para Sophia

Es sabido que los peces absorben oxígeno del agua, pero requieren de cierta profundidad para ello y que, sin las condiciones adecuadas el pez muere inevitablemente. Sin embargo, algunos zoólogos marinos de la Universidad de la Patafísica afirman que, en las profundidades del océano (eso que comúnmente se llama “el abismo”) la fauna ha desarrollado otra forma peculiar de sobrevivencia pues, según las hipótesis de los expertos, en el abismo corren corrientes hacia todas direcciones; la mayoría son inofensivas para la fauna, mas aquellas que corren hacia arriba pueden ser fatales.
De modo que, algún habitante de esta zona marina puede ser arrastrado algunos kilómetros hacia la superficie. Cuando esto ocurre, corre peligro, en primer lugar, por la presión ejercida sobre su cuerpo, que disminuye dramáticamente, lo que puede provocar una completa disolución de su forma, aunque la mayoría de estos seres mantienen el tiempo suficiente su propia consistencia para poder emprender el camino de regreso. El peligro mayor deviene en la cantidad de oxigeno y la calidad de éste.
La carrera que el pez debe emprender para regresar a su hábitat natural debe ser veloz a tope; justo en ese punto la mayoría de los animales que fueron arrastrados hacia arriba han muerto antes de arribar: el oxígeno que les resta al llegar tan sólo les permite observar una última vez su hogar. Ante esta situación, algunas especies han optado por una respiración “boca a boca”.
En cuanto la víctima de la intemperie vuelve a su sitio, otro miembro de la especie coloca su boca en la del recién llegado; ambos mueven las cavidades orales de forma sincronizada para transmitir algo de oxígeno.
Los científicos no se explican totalmente cómo puede ocurrir esto, sin embargo aseguran que no puede ser de otra forma puesto que, de lo contrario, la especie se habría extinto hace décadas.

9/8/13

Inercia

Karma police
I’ve given all I can
It’s not enough
I’ve given all I can
But we’re still on the payroll
Karma Police, Radiohead

Culpa. Tenías la palabra tatuada en el cuerpo después de aquella noche en que te dejé sobre el insecto metálico que él dirigía. Tenías nuevas cicatrices que igual lamí como propias, pero no buscabas mi lengua ni la presión de mis dedos sobre tus articulaciones adoloridas, necesitabas otra cosa; aunque, allí estaba el punto sin retorno.
No digas que no te lo advertí.

Te fuiste aún antes de decirme adiós. Tu despedida llegó retrasada y sin aliento, apenas un vaho que articulaba palabras sobre un cristal oxidado. Marchaste con prisa en las entrañas y una desesperación súbita en la frente, con el cabello murmurando desesperación a cada zancada.
Toda despedida se carga de una electricidad irresoluble que deviene en distancia (de cualquier tipo). Toda distancia deja cicatriz: un camino que recorrer con la esperanza de regresar al punto originario y arrejuntar de nuevo la piel para que re-sane, para que no quede ninguna marca: un camino que no lleva sino a los mismos lugares sin posibilidad alguna de regenerar nada: un surco estéril de novedades y plagado de termitas nostálgicas.

Un riff para dibujar tu rostro. Un solo majestuoso para olvidarte. 180 bpm para huir desesperado en la pista oval.
Una voz que me eriza la espalda: “You can’t always get what you want”. Un consuelo.
Resignación.

Marchaste con furia empedernida sobre tus uñas de pedernal. Lucha titánica (no lo olvido) para batir ambas bestias ancestrales en un solo encuentro. Pero no. La falta de paciencia te reprocha en las pupilas tu necedad acelerada.
¿Venciste? ¿Valió la pena?
No lo sé.
(A veces,) simplemente no me importa.

Mensajes en botellas. The Police acierta al tono. Un whisky (que ya me puedo poner fino con lo que bebo) al estómago, una botella vacía contra la pared. Ningún papel dentro. Sólo gotas que resbalan lentamente. Tinta. Sangre.
Busco los mensajes que hubieras dejado previamente. Las advertencias que me diste y que, como siempre, nunca vi.
La época de la ultrarrevolución tecnológica permite a los adictos al pretérito no morirse de abstinencia. Los sms y los chats electrónicos me dan esa ventaja: puedo ver la bitácora del desastre como una historia que anuncia su final a cada paso de la trama, entre pequeños símbolos que un buen lector no pasaría por alto.
Conversaciones, fotografías, la memoria misma. Una caja negra del siniestro en cuestión. No importa. La mirada retrospectiva deviene inútil: no importa encontrar las fallas de origen o de proceso.

Te fuiste, aún antes de decirme adiós. Ya andabas en otros lados y eso no lo perdono. No perdono nunca. Ni a mí, ni a vos, ni a nadie: un rencor es un rencor y ruge fiero en mis costillas.
“Justicia divina”. Dicen que uno paga, a veces por adelantado, todo lo que hace (bueno o malo; la vida tiene un coste ineludible). En cierta forma, yo hice lo mismo; tan sólo era la cuenta por pagar.
Te largabas las tardes con él sobre el bicho metálico, entre sus manos. Me robó las estrellas que una vez yo hurté con lujo de elegante violencia y brutalidad (pero ladrón que roba a ladrón...).
Porque eso sí. Ese imbécil es justo como el resto de idiotas que caminan sobre la tierra ensangrentada y piensan que no los toca la hierba molida. Su idea de amor democrático (hasta en eso resultó parcamente político), su caminar, su trabajo, su pedestal (tan frágil, tan imbécil), su sexo como cetro de mando irrevocable.

Nunca se aprende.
Un trofeo es un trofeo para los idiotas que coleccionan hasta las joyas de fantasía creyendo que tienen un valor sólo por su torpe brillo
Vuelves al bicho metálico, a las viejas usanzas, a los albores de una muerte pacotilla.

Pero era natural. Me llené de tus vísceras ardientes y sangrantes que pedían un océano entero. Piel a piel tratar las heridas más profundas y las repentinas. El agua salada arde en contacto con la carne viva. En mar abierto se puede morir al no ver costa cerca. Y todo fue mar, mar intenso de olas violenta y torpemente cariñosas. Asifixia.

Pedal a fondo para salir del charco que detiene el camino. Hacer palanca con una rama y huir de la tormenta. Mucha lluvia. Mucha agua. Demasiada agua.

“Deberías asumir la soledad un rato” me dice, “te haría bien”, me dice un fantasma de hace años. Parecemos gente nueva, dos desconocidos que apenas se han tratado. La verdad, la gente cambia con el paso de los años, pero no nosotros: esos que miramos los retrovisores constantemente mientras conducimos aunque no nos cambiemos de carril.
Te ves distinta, de cierta forma distinta. ¿Será que yo he cambiado un poquito o vos lo hiciste (seguramente lo segundo)? Irrelevante.

Culpa: causa: consecuencia. La energía tan sólo muta, pero sigue siempre su impulso primario de un cuerpo a otro constantemente en el tiempo: todo se transmite como en el vacío: sin fricción: irrefrenable.
Tarde. Ya es tarde. Siempre lo ha sido, sólo que uno nunca se percata (o francamente quiere ignorarlo).

26/7/13

(I’m not a) Hero (Pt. 2)


Volé directo hacia el sol sin quemarme
lo atravesé justo por el centro
                                                              y nada
Detuve un segundo a Doomsday
para retroceder el tiempo suficiente:
detener la destrucción inevitable
                                                              y nada
Use cada traje (vendido por separado)
azules, rojos, negros, amarillos
levanté montañas,
puse a la tierra en órbita
cada vez que se desvió
                                                             y nada
Cargué cada mundo
que se desmoronaba en pedazos
los puse en pequeñas cápsulas asépticas
para restaurarlos en el momento adecuado
                                                              y nada
Ahora veo carteles
con la cara del culpable
del peor villano de todos los tiempos
un espejo en cada esquina y cada pantalla
preguntando por mi paradero
ofreciendo dólares y dólares por un dato
de quien detuvo la voluntad divina
del exterminio necesario

Me paro en la plaza pública
les grito que me entrego
voy a la comisaría
a dar testimonio de mi rendición
me miran como a un loco
sonríen (siempre sonríen)
toman mis datos en una hoja falsa
me enojo
grito
suplico
(no puedo con la doble carga)
se ríen (siempre se ríen)
                                                              y nada

3/7/13

Tangoide


Buscaste un lago conocido en detrimento de mi mar.
Ni las mareas repetitivas
//un disco sonando todo el tiempo la misma canción//
ni el viento alucinante
(que traía siempre las mismas visiones borrosas)
anclaron tu vela
Remaste lejos, bien pinche lejos,
con la vista hacia atrás
apuntando al consuelo conocido y descarnado
a un territorio más alto y más frío
río (y risa) cuesta arriba

No me reclamés ahora el bandoneón enfurecido
ni las teclas hechas trizas
Te dije “oídos sordos” para que adoptaras el silencio
pero no
ese no es tu estilo
vos sos todo bullicio y prisa: impaciencia pura
No llorés jamás sobre las baldosas marchitas
pues los cardos no renacen
quizá sólo crezcan ortigas
Además
las lágrimas salan el café
arruinan el vapor que emerge de la taza
y le quitan el sabor a la comida.

No volqués tu alma a un precipicio pacotilla
a un tótem frágil como el cristal
tan imbécil como la cerámica china

Tenías anuncios enormes y brillantes durante todo el trayecto
letreros amarillos que gritaban precaución
Yo tenía las mareas bajas y los peces emigrando
Pero no
Ese nunca ha sido nuestro estilo
nos jugamos la muerte a cada paso
con la esperanza de perder todas las fichas en una sola mano
Todos los indicios nos valieron francamente madres

No me reclamés ahora el revólver en las pestañas
ni el puñal entre los dientes
Ni me prohibás ir río arriba
como salmón enfurecido al hocico del oso
para causarle una indigestión
o romperlo desde sus entrañas

Expatriado eternamente
(porque toda ruptura es un exilio y viceversa)
desde el momento en que al aire se viciaba
y tu barca resignada ni se movía.
Entonces sí
No era silencio, pero algo parecido
un mutis rotundo de claustro homicida
no decir sin detener el pensamiento tortuoso
Y pudo ser fácil
Cuestión de que la luna se acercara un poco
y que al mar comprendiera el ámbar de su piel
Pero no.
Ese conejo sideral también requiere agua dulce
a veces, para no morir de sed

No me reprochés la ausencia de fauna
ni los acordes desafinados
poco se puede hacer con los dedos y las redes destrozadas.

14/6/13

Las loqueras dicen...

Las loqueras
dicen cosas raras:
levantar anclas
cortar cadenas
(no venas)
evitar músicas
no alimentar nostalgias
ni melalcoholías
no fumar

Las loqueras
dicen cosas raras
mientras Lacan
va de sus manos
a las tuyas
y Freud permanece
pegado a la pared
Dicen todo muy lento
Yo no sé

Yo no sé
si sospechan
que uno desobedece
al salir del consultorio