Blog personal de Gilberto Nava, "Gablot". Aquí puedes encontrar textos literarios, ensayos, críticas y básicamente cualquier cosa que habita en esa cabeza y se escapa entre los dedos.
7/8/18
(Re)capitulación
Tengo el alma llena de difuntos
Pero no de los que uno entierra
sino de esos otros
//homúnculos idiotas//
que uno resucita aunque no quieran
Soy una bestia de pretéritos,
un salvaje de la memoria.
Isla marchita en el centro de la ciénaga
Promesa que se sabe rota apenas se formula
Debías tener otro nombre
cumplir otro destino
lejos
siempre lejos
Supongo que aún así te portaste con decencia
Los dos jugamos a lo mismo
con muñecos rotos
trompos sin punta
carritos sin ruedas
Jamás supimos qué nos retenía
Qué extraña gravedad nos ata(ca)ba
¿El amor? ¿Esa palabra tan rota?
¿El sexo de animal herido?
¿Una terquedad enfurecida?
Ahora (lo sé) no importa
30/6/18
El amarillo
[Publicado originalmente en Marabunta, el 10 de junio de 2018 en http://www.revistamarabunta.com/2018/06/10/el-amarillo/ [consultado el 30 de junio de 2018]
Puedes preguntarle a cualquier chico de la cuadra, nadie se mete con el Amarillo. Ese tipo está zafado, completamente ajeno a ti o a mí; no dice absolutamente nada, no titubea, sólo se mueve rápido como un rayo y ¡pum! te tumba, directito al suelo o al hospital o a la morgue, depende de qué tan bravo esté ese día o de qué le hayas hecho. Acá ya se ha echado, al menos, a cuatro; todos indigentes, drogadictos que quisieron bajarle unas monedas.
¿El Amarillo? Sí, lo conozco, ¡quién no! El hijo de la chingada es un cabrón en serio. Eso sí, respeta a los vecinos, ¡faltaba más! Nunca se ha metido con nadie de acá, no es que el muchacho busque problemas, pero sabe defenderse (como todos, pues).
Una vez, el Amarillo bajó a un asaltante de un camión. Dice que se levantó de su asiento, lo topó de frente, le quitó la pistola y lo bajó de la micro a punta de cachazos. Ahora, siempre carga la fusca a todos lados por si las dudas. La vecindad lo ve como una especie de héroe, pero a mí me da miedo. La otra vez cachó a su hermanita escondida con un compañero de la escuela, atrás de las bombas, seguro se estaban dando sus arrumacos. El tipo, todo tranquilo agarró al chavito del pescuezo y lo sacó de allí. El morro intentó decir algo para defenderse, aclarar que sí quería a la Rosita, pero el Amarillo lo calló al momento. Sacó la pistola, cortó cartucho y apuntó al chamaco. El pobre Santiago hasta se orinó de miedo, desde entonces le decimos el Chistorra.
No me gustaría vivir en el mismo edificio que ese chaval, ni siquiera en la misma vecindad, ¿sabes? Es un escuincle, pero es de cuidado. Lo puedes ver en los ojos. Tiene ojos malos, con una furia escondida detrás de esa indiferencia. Son túneles cuya única luz al final es la de una explosión y ¡aguas! porque ese fuego sí te alcanza. Yo no sé a qué se dedica, pero siempre trae cosas bonitas, ¿entiendes? Se ve que va de aquí para allá, peinado, bañado y arregladito, pero no lo ves de traje, no lo ves salir temprano, ni regresar tarde. Siempre se ve con la misma pinche cara de maldito. ¿Usted qué hace buscando a ese señor? Mejor no se meta en problemas, ¿sí?
¡Ni me menciones a ese hijo de puta! El pendejo se piensa que puede venir a chingar la madre cada que quiere, pero está muy equivocado. Un día de estos lo van a bajar, igualito que él hace con los nuestros. Se la está buscando y la va a encontrar.
El Amarillo. Lo odio.
Puedes preguntarle a cualquier chico de la cuadra, nadie se mete con el Amarillo. Ese tipo está zafado, completamente ajeno a ti o a mí; no dice absolutamente nada, no titubea, sólo se mueve rápido como un rayo y ¡pum! te tumba, directito al suelo o al hospital o a la morgue, depende de qué tan bravo esté ese día o de qué le hayas hecho. Acá ya se ha echado, al menos, a cuatro; todos indigentes, drogadictos que quisieron bajarle unas monedas.
¿El Amarillo? Sí, lo conozco, ¡quién no! El hijo de la chingada es un cabrón en serio. Eso sí, respeta a los vecinos, ¡faltaba más! Nunca se ha metido con nadie de acá, no es que el muchacho busque problemas, pero sabe defenderse (como todos, pues).
Una vez, el Amarillo bajó a un asaltante de un camión. Dice que se levantó de su asiento, lo topó de frente, le quitó la pistola y lo bajó de la micro a punta de cachazos. Ahora, siempre carga la fusca a todos lados por si las dudas. La vecindad lo ve como una especie de héroe, pero a mí me da miedo. La otra vez cachó a su hermanita escondida con un compañero de la escuela, atrás de las bombas, seguro se estaban dando sus arrumacos. El tipo, todo tranquilo agarró al chavito del pescuezo y lo sacó de allí. El morro intentó decir algo para defenderse, aclarar que sí quería a la Rosita, pero el Amarillo lo calló al momento. Sacó la pistola, cortó cartucho y apuntó al chamaco. El pobre Santiago hasta se orinó de miedo, desde entonces le decimos el Chistorra.
No me gustaría vivir en el mismo edificio que ese chaval, ni siquiera en la misma vecindad, ¿sabes? Es un escuincle, pero es de cuidado. Lo puedes ver en los ojos. Tiene ojos malos, con una furia escondida detrás de esa indiferencia. Son túneles cuya única luz al final es la de una explosión y ¡aguas! porque ese fuego sí te alcanza. Yo no sé a qué se dedica, pero siempre trae cosas bonitas, ¿entiendes? Se ve que va de aquí para allá, peinado, bañado y arregladito, pero no lo ves de traje, no lo ves salir temprano, ni regresar tarde. Siempre se ve con la misma pinche cara de maldito. ¿Usted qué hace buscando a ese señor? Mejor no se meta en problemas, ¿sí?
¡Ni me menciones a ese hijo de puta! El pendejo se piensa que puede venir a chingar la madre cada que quiere, pero está muy equivocado. Un día de estos lo van a bajar, igualito que él hace con los nuestros. Se la está buscando y la va a encontrar.
El Amarillo. Lo odio.
25/5/18
A veces
A veces en gustaría ser menos listo
¿sabés?
No darme cuenta de lo que pasa
ni preguntar por qué diablos ocurrió
Tal vez
si fuera menos listo
cometería menos errores
me involucraría menos
Quizá eso querés,
Alguien que se involucre menos
de una forma diferente
Que no ande chingando la madre cada dos por tres
Que no se ponga triste
Que no tema perderte
Quizá querés que uno no se de cuenta
Pero me doy cuenta
Y no soy de los que ignoran
ni de los que huyen
Quizá necesitás alguien que te ame de otra forma
Que no sacrifique todo
Con menos demonios y defectos
Quizá
Simplemente pasa
Que necesitás que no sea yo
Y dirás que no
Que hablo pendejadas
Aunque bien sabés que es verdad
27/4/18
Entrevista de trabajo
Llena
la solicitud. El perfil preciso no es relevante, sólo importa cuán capaz es de
poder variarse en un mismo entorno, de encajar en la zona asignada, de estar
completamente seguro de la logística para la movilidad del cuerpo junto con
todos aquellos armatostes que deban ser trasladados. Sin embargo, si llegas a
contrariar el platonismo lacónico del arquetipo solicitado posiblemente
termines en las calderas como leña –de ser así tu familia recibirá tu sueldo,
incluso aquella paga vacacional, hasta que piel, cabello, órganos y huesos no
sean más que energía, humo, cenizas y recuerdos– pero aún es pronto para
concientizar acerca del tema: no error, no hoguera, ¿entiendes?
¿Qué
pasa? Veo temor en tus pupilas. ¡No tiembles! Yo no me encargo de corregir los
desperfectos, sólo recluto personal, informo a los interesados de las políticas
de trabajo, firmo algunos documentos, puro papeleo. ¿Qué ves? ¡Oh! ¡El látigo!
No te preocupes. Es mero fetiche coleccionista: vale millones acá arriba. Sí,
es ese mismo látigo que piensas. No tengas miedo. No somos tan primitivos. No
lastimamos inocentes. Se han empezado a mover las cadenas de tu silla. Será
mejor que calmes tu ritmo cardiaco, esa cosa es como un animal, percibe las
emociones que destrozan tus nervios; las deglute como bocadillo, luego te
despoja de todo recuerdo y, nuevamente, sólo quedan piel, cabello, órganos y
huesos, que van a parar al fuego para quedar reducidos en... bueno, ya sabes
–por cierto, no hay paga si no has firmado el contrato; por el color de tu
cara, además del ligero goteo de tu sangre sobre el suelo debido a la
contracción de los eslabones, te recomendaría que, aunque fuese con la boca,
hagas algún garabato sobre el papel; eso o calmarte– .
Bien,
comienzas hoy mismo, si la silla te suelta. Por cierto, te recomendaría
apresurarte, porque al jefe no le gustan los holgazanes ni los pretextos, por eso él
mismo aplica los correctivos, da las pláticas motivacionales, todas aquellas
pantomimas útiles para mantenerlos trabajando felices.
27/3/18
"Somos amantes"
“Somos amantes”
Me lo decís con una honestidad
bruta
y una sencillez barbárica
que sólo pueden existir entre
dos buenos amigos.
Soltás la frasecita esperando
noséqué
Un regaño o una felicitación
Es comprensible
Esperás que reaccione como lo
que se supone que somos:
dos personas que jamás se han
tomado de la mano
que
nunca han unido sus labios
que
no piensan en la desnudez del otro
Pero no sé qué decirte
No sé qué reacción en realidad
esperás
Sólo sé que debe ser una que
no me delate
Y callo
Una mirada. Un desconcierto.
Una duda. Un silencio
Pienso que no decir nada es mi
mejor escondite
Pero en el fondo implica lo
mismo
La ausencia de señal también
es una señal
Y seguramente ahora ya
imaginás lo que se consuma en mi epidermis
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