Blog personal de Gilberto Nava, "Gablot". Aquí puedes encontrar textos literarios, ensayos, críticas y básicamente cualquier cosa que habita en esa cabeza y se escapa entre los dedos.
3/9/12
Un letrado salvaje apareció [*]
14/4/12
"Childhood's End" (by Iron Maiden)[1]
La figura del adolescente (quien tiene expectativas respecto a su futuro y quiere plantarse en el mundo con pisada fuerte, firme y duradera) bien puede ser una imagen de la latinoamérica que busca todavía decir qué es, como si el “continente”[4] aún estuviese en esas cuitas, especialmente tras renegar de la tradición que fue impuesta –sin preguntar siquiera– a la siguiente generación si estaba dispuesta a aceptarla como algo vigente, que aún dijese algo de ella. Ese cliché tradicional, que harta, lo muestra Mario Martínez quien ya está cansado de la literatura a la cual se afilió; le nace el deseo de escribir una novela del crimen (casi) perfecto, donde el detective dejara impávido al mismo Holmes; quiere alzar su voz y dejar huella en ese camino que ha disfrutado, pero dejarla a su manera (tan superlativa que supere todo lo escrito hasta el momento). Mas no es literatura de América Latina, sino de habla inglesa. Nuevamente (como en La maravillosa vida breve...) el epígrafe revela algo: la familia como un sistema inútil de vínculos. Óscar Wao pierde su identidad sin proponérselo, Mario Martínez la rechaza a priori; no tiene la duda ni el afán de aferrarse, sino la desecha y quiere armarse otra (por eso la vinculación con otra lengua y otra tradición), pero quiere ubicarse: necesita un presente desde el cual pueda ver y hacer. No sólo él, sino sus compañeros de colegio; todos hacen otras cosas mientras el himno nacional es entonado y la bandera recibe honores: la patria la conciben irrelevante, “el país que herdarán y que espera molto” de ellos no les interesa porque ellos no lo escogieron y, de cualquier forma, está en una crisis que ellos no provocaron pero que deben resolver en un futuro[5].
Además, el símbolo del adolescente consiste en el rebelde (con o sin causa) por antonomasia. Por eso todos los estudiantes de ese colegio pueden unirse en las burlas hacia el director, pueden ponerse aretes en los oídos y aún así ser aceptados en la comunidad estudiantil (más el bono extra de ser el mejor de la clase); por ello pueden llegar a los extremos (aunque sea en pensamiento) para marcar la originalidad de su inestabilidad, de su propia crisis. La contraparte (también señalada en el texto): esas muestras radicales incrementan su intensidad hasta llegar a límites insospechados (que parecen completamente absurdos), mas (quizá) necesarios[6]. Porque todo certifica nada; ser único o de la masa no asegura más certeza que la ser/estar en el momento que corre[7] y muere. Con o sin eterno retorno –especialmente sin– , “la experiencia no los salvaría de nada” y el aprendizaje sólo ocurre cuando no hay más oportunidades; se ve el tren que viene encima demasiado tarde y generalmente se cree que es la luz al final del túnel[8].
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[1]"Final de infancia" (La traducción es mía). Título de canción del grupo Iron Maiden en su disco Fear Of The Dark.
[2]“Entrevista a Paz Soldán” en http://utopiaydesencanto.blogspot.com/2012/02/entrevista-paz-soldan.html Consultado el 23 de Febrero de 2012.
[3]Freud bien muestra que en el uso del lenguaje hay deslices que rebelan otras cosas, las cuales incluso pueden contradecir lo que se desea expresar ––generalmente por omitir información (in)conscientemente
[4]Uso las comillas porque en realidad las fronteras físicas no son suficientes ahora para decir qué o quién es latinoamericano y qué o quién no, parafraseando una canción de Mägo de Oz: ¿puede una frontera determinar el país de una flor?
[5]Y detrás de todos esos insultos que tildan de homosexual complaciente y pasivo en las relaciones sexuales al director del colegio, considero que va el reclamo (que el adolescente no sabe expresar en el momento): “¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? No fue mi culpa, yo acabo de llegar”; y como casi toda reacción puberta/pueril, aunque tiene razón, también peca de egoísta: en efecto no fueron la causa, pero por su propia subsistencia deben intentar “arreglar” los destrozos; aunque no sea con las mismas ideologías de sus predecesores, pero hacer algo al respecto y no revolcarse en la inmundicia (que parece imparable).
[6]Especialmente en una época donde nada se escapa a la taxonomía, incluso lo marginal entra en la norma: los modos “alternativos” de vida (legales e ilegales), las (para)filias, fobias, manías, vicios, virtudes, etcétera son categorizables: para poder delimitarse como único se requiere algo radicalísimo. “... las cosas raras con las que nuestra generación procuraba ser diferente a las anteriores y a las posteriores. Pobre mi hijo, lo que le tocaría hacerse en el cuerpo para afirmar que su inestabilidad era única”.
[8]Una de las leyes de Murphy explicada en “No Leaf Clover” de Metallica “Then it comes to be that the that the shooting light at the end of your tunnel was just a freight train coming your way” (“Resulta que la luz disparada al final del túnel era un tren de carga yendo hacia ti”. La traducción es mía).
5/4/12
Identidad()es...
Así como Óscar, todo el continente sufre por esa pérdida de Maritza y todo el continente sube de peso, se aisla y se aferra a una identidad evocada por otros, impuesta por otros, pues la visión sobre los latinoamericanos ––así denominados todos aquellos habitantes del continente americano que no pertenecen a la norteamérica muy del norte: Estados Unidos y Canadá–– los mantiene en el estereotipo del sujeto como potencia sexual materializada, piel morena, religiosidad sincrética, música salsa (ahora parece más impuesto el reggaetón[1]), etcétera; no son todos los rasgos que definen el estereotipo o prototipo del latino, pero dan una clara muestra de dicho exotismo, alimentado (en mayor medida durante el siglo XX) por nosotros mismos[2]. Para ello basta observar frases como "es que es México", "es que es latino", "es que soy tepiteño", "es que es de Iztapalacra". Con ese "es que es..." se subdivide el mundo, planteado en teoría de conjuntos: está el conjunto universo que contiene a los subconjuntos "Mundo Normal" y "México"[3]; éstos nunca se intersectan en ningún punto, pertenecen a un mismo sistema, pero su composición interna difiere al grado de parecer otro planeta. En cierta medida, parece adecuado. La identidad es importante para definir qué se es, cómo se es, para qué se es. Sustenta la existencia y la vida.
Sin embargo, un mundo, cuya expansión constante obliga al individuo tener esas cuestiones completamente claras, a latinoamérica le pesa enormemente porque se explica a sí misma (como ya se mencionó) con una hipérbole de lo que terceros dicen de ella; además, el territorio "físico" está poblado de entes (a veces, personas) no tan arraigadas, personas que buscan "más allá de [la] familia, más allá del español" y que no se sienten identificados ya con su país de origen[4]; cerebros y vísceras en busca de fugarse lejos.
Pero no sólo la frontera territorial se difumina en la sociedad globalizada, sino que también el individuo debe forjarse como único; también debe romper el límite temporal: rebelarse contra el pasado, la ruptura con los padres, los abuelos, la familia que precede. La hermana de Óscar lo demuestra. Nosotros mismos nos vemos en esa mujer: metaleros hispanos, punks defeños, rockeros latinos; con estos ejemplos basta para mostrar el quiebre. Tres "modas" (ideologías, en realidad) que saben tan ajenas al "lado de Acá" que incluso se ven raro en la actualidad[5]. Pasar por el tianguis del Chopo o meterse al bazar artesanal de Coyoacán muestra pequeños satélites de contracultura atascados de generaciones rebeladas contra los paradigmas parentales, políticos, sociales, etcétera (que ahora parecen más pretexto que motivo); contraculturas que de a poco se tornan también en ese país que un día perderá sus fronteras también.
Esas taxonomías sólo para explicarnos a nosotros mismos y poder proyectarnos con el temor de no diferenciarse reducido; pero la sociedad cosmopolita parece disolverlo todo, volverlo una sola masa, ese parece ser el precio de la sociedad global: no límites ni para identificarse[6].
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[1]Para desgracia nuestra. Personalmente me gustaba más cuando era la salsa el himno continental.
[2]Asumir que el realismo mágico de García Márquez no resulta una invención sino una realidad inmediata, que los paseos azarosos y coincidentes de Oliveira por París (que esas cosas extravagantemente exqusitas, como el pito de una locomotora que hace un contrapunto con una sinfonía que escucha del tocadiscos) ocurren por el simple hecho de que él es un argentino, un latinoamericano como nosotros. Esos gestos de identificación, aún en la crítica más asérrima del sistema (i)lógico en América Latina develan esa necesidad de asumir el molde que los ojos externos han puesto.
[3]Nombre, en realidad, intercambiable por cualquier otro que encaje en la expresión "es que es..."
[4]Una vez leí en Rumor de todas partes un poemario colectivo editado por La Orquídea Errante el siguiente verso (que parafraseo) "mi única patria es tu piel". Se prefiere al ser amado para adquirir una identidad; ya no al país, a la tierra, al nombre, al símbolo patriota; sino, a otro humano, a uno que se ame en específico: la frontera material desapareció y se erigió una nueva, más cerca del yo y más lejos del nosotros.
[5]Unos ejemplos gráficos: la estación del metro Guerrero un día veintiocho de cualquier mes, cualquier sábado en las estaciones Buenavista del Metro y Metrobús. [Nota extra: Los sábados se pone un tianguis: El Chopo en la estación Buenavista. Los días 28 de cada mes los fieles a San Judas Tadeo (en su mayoría chakas o reggaetoneros) van a una iglesia situada afuera del metro Hidalgo].
[6]Otro tanto podría decirse del internet y de los múltiples perfiles que uno se crea en redes sociales, los (video)juegos rpg que uno prefiere y demás para construir la identidad que se proyecta al mundo. La identidad si bien es tema de antaño, no es uno resuelto; aún está vigente porque es necesaria para transitar el mundo.