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23/9/18

Tiempo transcurrido


Broken Clock by ifsantang disponible en https://www.deviantart.com/ifsantag/art/Broken-Clock-326434806

Soy menos persona de lo que imaginé hace diez años
Apenas soy la huella de mi sombra
No me reconozco ni en mi cuerpo ni en mi casa
Afortunadamente aún no soy lo que juré erradicar
Pero día a día me acerco peligrosamente a ello
Estoy a pocos instantes de la fuga y su derrota
Sucumbo lentamente a la tentación del vacío
Resisto más por costumbre que por agallas
Últimamente todo es costumbre
Cada vez todo más hastío
Si hace quince años me hubieran advertido
que me convertiría en el reflejo exacto de mi padre
con una sonrisa los habría mandado a la chingada
Los oráculos me escupen la cara
escupen verdades como maldiciones
profecías como venganzas
No quieren advertirme de nada
sólo le dan un toque irónico al asunto
Un socarrón “te lo dije”

15/1/12

Cronomorfosis

De nada sirve anotar las horas o los minutos. Los relojes resultan perfectamente inútiles cuando se puede medir el tiempo en tragos de licor, canciones escuchadas, programas de televisión, páginas leídas o cualquier otro sistema de medición alternativo.

Supongamos que uno ve los números o las flechas del cronógrafo más cercano en turno. Su veracidad es dudosa, puede estar adelantado, retrasado o sincronizado con los de otro país u otro planeta. Honestamente, ¿uno cae en esa triquiñuela pícara de llegar a tiempo? El tiempo así es una idea idiota e insuficiente.

¿Por qué no medirlo por las galletas devoradas en el transcurso del día? ¿O por los cafés deseados, pero que jamás serán servidos ni bebidos? ¿Para qué cumplir años? Los números sólo incrementan las cosas, las parecen serias, rígidas, inamovibles. Por ejemplo, puedo decir francamente con horror “hace tres días que sé nada de ella”; no suena tan terrible, tan copioso ni tan dramático como decir “hace doce paquetes de galletas con cinco tazas de café y dos cigarrillos que no sé de ella”.

Incluso, contabilizar los momentos por otros medios resulta más interesante en sí mismo: se pueden contar por el número de chicas pelirrojas, musas de pensamientos poco decentes; por los lunares indiscretos sobre espaldas o cuellos que se asoman desde escotes (des)afortunados de féminas; por los besos deseados, los besos concedidos; igualmente con los abrazos y las miradas cruzadas/chocadas con desconocidos/desconocidas.

La vida parecería más divertida al decir “el viaje en tren dura de doce a veinte lunares en diez o quince minas pelirrojas, rubias o morenas (el color del cabello es variable, así como la localización de dichos puntos cutáneos)”.

Además, medir tan aburridamente el paso de aquello permite creer que no pasará nada extraordinario, despoja todo aquello maravilloso (capaz de ocurrir u ocurrido) de esa sustancia grata de las improbabilidades posibles. Los eventos cotidianos quedan reducidos a todo lo excesivamente común, al grado de colocar a la física cuántica como un elemento fantástico más del imaginario popular.


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Imagen tomada de http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQcIYJMCAKWaJjVjnb5uuOcP-hqvODCGcivyOMUilSR0eqb-HhI

Este texto también lo pueden encontrar en mi deviantArt (dar click en Mis obras completas)