11/9/15

Zex



Primero, un caso de priapismo con eyaculaciones cada diez minutos sin que el miembro volviera a su flacidez. En el hospital, nadie se explicaba el síntoma. Después, al otro lado del mundo, una mujer casi fallece por múltiples orgasmos consecutivos. Posteriormente, un incremento exponencial de casos.
Psiquiátras y psicólogos reconocidos descartaron trastornos comunes y parafilias raras. Los religiosos tuvieron que callarse cuando sus predicadores y monjas presentaron las molestias; incluso los miembros más puritanos del mundo se encerraron para ahogar los gemidos de placer o la prominente y dolorosa erección.
Los sexos encendidos e insaciables desataron una violencia atroz. En medio de pujidos, alaridos, esperma y fluidos de distintas composiciones, las personas se destrozaban entre sí y a sí mismas. En arrebatos de lujuria, las mordidas no se limitaban sólo a marcar la piel sino a arrancarla; apareció una enfermedad que los especialistas denominaron “la avaricia erotizante” que provocaba orgasmos con por el simple contacto con el papel moneda y se incrementaron las noticias de grupos de personas que se arrancaban los ojos mientras tenían sexo rudo en plena calle.
Un exdirector de películas porno amateur (desde sexo convencional hasta orgías sadiconecrocoprozoofílicas) ofreció una conferencia para intentar explicar lo que sucedía, pero a la mitad del discurso no pudo contenerse y se unió al bacanal que había iniciado un miembro de la audiencia.

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